lunes, 30 de marzo de 2009

Mariano José de Larra: el genio cumple doscientos años

“Escribir en Madrid es llorar,
es buscar voz sin encontrarla,
como en una pesadilla
abrumadora y violenta”


Periodista y escritor romántico reconocido principalmente por sus brillantes retratos críticos de la vida y la sociedad española de su época. Larra nació en Madrid durante la ocupación francesa y su infancia transcurrió en el país francés, debido a que su padre, cirujano militar colaborador de los invasores, tuvo que refugiarse tras la derrota francesa e 1812. Tras la amnistía de 1818 la familia regresó a Madrid y su padre se convirtió en médico personal del hermano de Fernando VII. La formación de Larra transcurrió en un colegio de jesuitas y finalizó su educación en Valencia y Valladolid. Comenzó una brillante carrera periodística, primero en dos periódicos de su propiedad, El duende satírico del día (1828) y El pobrecito hablador (1832-1833), y posteriormente, colaboró como crítico de teatro con el diario nacional La revista española, donde firmaba sus crónicas bajo el seudónimo de Fígaro. Se convirtió en uno de los periodistas más reconocidos y mejor remunerados del país y colaboró en diversas publicaciones además de escribir la novela El doncel de Don Enrique el Doliente (1834), y la obra de teatro Macías (1834). También tradujo diversas obras de teatro francesas. Sin embargo, el autor es, ante todo conocido por sus artículos de costumbres o escenas de la vida española. Estos artículos eran característicos de la época y estaban imbuidos de nostalgia. No obstante, Larra empleó el género para crear una serie de retratos de la sociedad tremendamente satíricos, en los que muestra su habilidad y maestría periodística para describir la conformidad, la hipocresía, la vacuidad y la corrupción de la sociedad española. Influido por el neoclasicismo francés, su vida se convirtió, sin embargo, en un símbolo de la confusión romántica. Fue muy poco afortunado en el amor; se enamoró de una mujer que más tarde resultó ser la amante de su padre, vivió un matrimonio infeliz y acabó suicidándose, tras un fracasado romance adúltero, a los 28 años. Aunque Larra ofrece una visión muy pesimista de la vida española, su irritación responde al amor que sentía por su país. Es uno de los escritores más destacados del siglo XIX, tanto por su visión de la vida como por la calidad literaria de sus escritos. Sesenta años después de su muerte, la Generación del 98 convirtió la figura de Larra en precursora de este movimiento literario.

Antonio Machado piensa que el suicidio fue "un acto maduro de voluntad y de conciencia”. Muchos autores defienden la postura de que “Larra se mató porque no pudo encontrar la España que buscaba, y cuando hubo perdido toda esperanza de encontrarla". Esto lo escribe Machado cien años después y así se le atribuyó al suicidio de Larra esa significación llena del simbolismo de la esperanza perdida a que se refiere el poeta. Sólo se han de recordar los versos de Zorrilla ante la tumba del suicida: "Miró en el tiempo el porvenir vacío, vacío ya de ensueños y de gloria". A la manifestación cívica del entierro ("primera protesta a las viejas preocupaciones que venía a derrocar la revolución", según recuerda Zorrilla en sus memorias) sigue la canonización en los artículos necrológicos de los periódicos en los días siguientes. Larra es el mártir de la sociedad, dijeron entonces. A Larra "le mató la sociedad de su tiempo", dice Eduardo Haro Tecglen, comentando La detonación, de Buero Vallejo. Recién muerto, unos hablan de "una sociedad corrompida y estúpida", otros de "un mundo corrompido". Su amigo Roca de Togores se lamenta en El Español (15 de febrero): "cada uno de esos artículos que el público lee con carcajadas eran otros tantos gemidos de desesperación que lanzaba a una sociedad corrompida y estúpida que no sabía comprenderle" y piensa que se suicida por "un ser ideal que no ha sabido encontrar". El poeta Jacinto Salas y Quiroga lo glorifica hasta lo sublime diciendo que la existencia del suicida "ha forjado el tejido de un drama sublime cuyo desenlace... está encerrado en la tumba: esa flor no pudo arraigarse en un mundo corrompido" (Revista Nacional, 16 de febrero). Estamos viendo cómo de Larra se está creando la figura del héroe romántico

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