miércoles, 18 de febrero de 2009

¿Fin del periodismo?

La comunicación se encuentra en continuo tránsito. La llegada de Internet ha marcado un antes y un después en la era comunicativa. La prensa digital crece exponencialmente, así como los servicios que ofrecen información al usuario según cuales sean sus intereses. Las novedades e innovaciones resultantes tienen un carácter global y unas ventajas más que visibles. Al mismo tiempo, todo ello supone la redefinición de la tarea periodística. Ya no basta con la impresión de los medios en papel, las distintas empresas deben de ofrecer unos servicios interactivos que permitan una comunicación activa, dinámica y casi instantánea, que satisfaga las necesidades de los ciudadanos.

En este sentido, el vídeo que se debe analizar, “Epic, el futuro de Internet hacia 2015”, http://www.youtube.com/watch?v=He22EGXJOqIlleva a cabo un recorrido ficticio a lo largo de lo que establece como futuro de la comunicación. Se trata de una especulación, a manera de pronóstico, de lo que los nuevos tiempos deparan al periodismo. La secuencia busca mostrar la evolución que posiblemente adquiera el panorama comunicativo en fechas no muy posteriores. Se cuenta que el desenlace de la tarea de la información será la automatización, es decir, la realización de las tareas periodísticas sin la necesidad de la existencia del periodista y a través de los servicios y empresas en la red, que irán haciéndose con la hegemonía en este ámbito.

Así pues, el vídeo parte de una serie de variables, como la creación de Word Wide Web en 1989, la de Amazon.com en el año 94, el sólido surgir del gigante Google en 1998 y la de Blogger justo un año más tarde. Estos serían los sucesos que ya comienzan a señalar el principio del cambio, la apertura hacia nuevos horizontes en la búsqueda y la transmisión de datos. Posteriormente, siguiendo un orden de sucesos lineales se establece la aparición de Friendster y Google news, un portal de enlaces informativos y editado exclusivamente por ordenadores.

Se inicia, pues, desde 2002, un rumbo caracterizado por la comunicación interpersonal y los servicios de usuario, que alcanza su clímax dos años después, cuando Google lanza G- Mail, que ofrece datos al internauta en función de sus perfiles específicos.

Consecuentemente, esto abrirá un conflicto con el poderoso Microsoft, que busca también avanzar en aquellos terrenos en los que Google ya se había más que embarcado. Para ello, Microsoft crea Amazon, novedoso motor de búsqueda, compra Friendster, medio a través del cual los jóvenes publican sus intereses y se comunican.

A pesar de esto, Google se hace con el monopolio de la comunicación y crea una plataforma universal, Google Grid, que permite la integración de la vida de la gente en el círculo mediático.

La pugna entre los dos grandes gigantes digitales prosigue, y así Microsoft crea Newsboster, una red de noticias y de periodismo participativo, para responder a Google, el cual crea Googlezon y que, finalmente, tras la guerra de noticias de 2010, consigue la victoria y adquiere el monopolio de la comunicación.

La evolución que siguen los medios tradicionales como el New York Times se define por la práctica inmovilidad. El diario norteamericano privatiza su página y la convierte en accesible sólo para sus suscriptores, quienes deberán pagar una cuota. Aún así, en 2011, la prensa se despierta para ofrecer su última resistencia: el New York Times denuncia a Googlezon de violación de la ley y de la propiedad privada. El conflicto se desenlaza con una sentencia de la Corte Suprema que falla a favor de Google.

Esta superpotencia producirá en 2014 un creciente caos informativo en los medios a consecuencia de la creación de un paquete de contenidos personalizado. Supone una visión del mundo más amplia y profunda, aunque, por el contrario, corre el riesgo de caer en la trivialidad y el sensacionalismo.

Como protesta a la hegemonía de Googlezon, el New York Times deja de publicar en la web, convirtiéndose en un medio impreso para la elite y la gente de edad.

Finalmente, el vídeo concluye con que en 2015 una antigua periodista del diario anterior recabaría imágenes e información a través de los I-pod de sus vecinos para ofrecer una información a nivel local que, paulatinamente, ampliaría sus redes a un área mayor, consiguiendo así los mayores niveles en personalización e inmediatez de la comunicación.

Estos puntos resumidos se encuentran presentes en la secuencia a analizar y apuntan, irremisiblemente, a la desaparición del periodismo tradicional tal y como lo conocemos para dar paso a la digitalización y automatización del mensaje. En el vídeo se parte de la incapacidad de las empresas periodísticas para responder a los continuos avances de los servicios on line y para afrontar una nueva era comunicativa. En el vídeo se augura su destrucción por falta de competencia y su reducción a las elites de edad.

Se configura un futuro en el que los medios tradicionales son condenados y sepultados bajo los pasos de los titanes digitales, capaces de hacerse con un panorama informativo casi ilimitado. En conclusión, los contenidos del vídeo auguran un futuro arriesgado y poco prometedor para el periodismo clásico, en pro de los medios y servicios digitales, que, según la secuencia, serán los vencedores en la pugna comunicativa.

Es cierto que la información y los servicios digitales aportan una serie de prestaciones muy valiosas, tales como la rapidez, inmediatez, interactividad, personalización o variedad de contenidos. Poseen muchas cualidades en las que superan a los medios tradicionalmente conocidos en prensa, radio o televisión. Pero lo que también es cierto es que estos formatos no son inmóviles ni pasivos. Al contrario, están en continuo movimiento para adaptarse a las nuevas etapas y necesidades comunicativas de una sociedad altamente digitalizada y cada vez más exigente. Y esta capacidad para el cambio y para la evolución es la que debe interiorizarse en cada uno de estos medios para evitar una pronosticada desaparición y para seguir cumpliendo con sus principios de satisfacer las demandas de cada ciudadano.

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