
“Desde una perspectiva puramente literaria, ésta es la época de Kafka, más incluso que la de Freud. Freud, siguiendo furtivamente a Shakespeare, nos ofreció el mapa de nuestra mente; Kafka nos insinuó que no esperáramos utilizarlo para salvarnos, ni siquiera de nosotros mismos”. (Harold Bloom).
El autor nació en Praga el 3 de julio de 1883, hijo de una acomodada familia de comerciantes pertenecientes a la minoría judía de lengua alemana. A los 23 años obtiene el título de Doctor en Derecho y trabaja como empleado en varias compañías de seguros. El 3 de julio de 1924 muere, víctima de tuberculosis del sanatorio de Kierling, cerca de Viena.
Está considerado como una de las figuras más significativas de la literatura moderna; de hecho, el término “kafkiano” se aplica a situaciones sociales angustiosas o grotescas, o a su tratamiento en la literatura. Su padre, un comerciante, fue una figura dominante cuya influencia impregnó la obra de su hijo y agobió su existencia. En “Carta al padre”, escrita en 1919, pero no publicada, como casi toda su obra, póstumamente, Kafka expresa sus sentimientos de inferioridad y de rechazo paterno. A pesar de lo cual, Kafka vivió con su familia mayor parte de su vida y no llegó a casarse, aunque estuvo prometido en dos ocasiones.
Curiosamente, Kafka, poco antes de morir, pidió a su más íntimo amigo, el crítico y escritor Max Brod, que quemara todos sus escritos. Sin embargo, hizo caso omiso de su última voluntad y en lugar de destruir sus obras, da a conocer al mundo su genio literario y gracias a esto sus escritos han permanecido para las posteriores generaciones. Cuenta con una relación de obras publicadas póstumamente, tales como América, El Proceso y El Castillo, así como relevantes relatos, La condena, Informe para una academia, La metamorfosis o La muralla china.
En cuanto a la técnica, el autor se caracteriza por emplear una narrativa en la que se decanta por un narrador en tercera o en primera persona, no omnisciente, al contrario, limitado por la mirada del personaje. De modo que lo que se ofrece en todo momento es la visión del protagonista de la novela, lo narrado nace de su conciencia, de su percepción.
Por otra parte, los personajes que aparecen en sus relatos son prototípicos y totalmente grises, se aportan unos datos mínimos de los mismos y carecen de una historia previa.
A continuación, proseguiremos con el análisis de dos importantes relatos de Kafka, La condena e Informe para una academia.
LA CONDENA
“- Ahora ya sabes lo que había además de ti, hasta ahora no sabías más que de ti mismo. Lo cierto es que fuiste un niño inocente, pero aún más ciertamente fuiste un hombre diabólico. Por eso has de saber que yo te condeno a morir ahogado”.
Este libro fue escrito en la madrugada del 22 al 23 de octubre de 1912, y es la primera obra de la que el autor se siente plenamente satisfecho, las demás, prácticamente en su totalidad, se encuentran inconclusas.
Así, al comienzo de “La condena” aparece una descripción colorista y detallada de una ciudad que bien podría ser Praga, (si bien el autor nunca refiere el nombre de la misma), en la que se sitúa el personaje principal, Georg, del cual únicamente conocemos su oficio, empresario; el hecho de que se ha prometido recientemente (con una mujer cuyas iniciales, F. B, coinciden con la que fue la prometida de Kafka en la realidad) y que vive con su padre. Se hace mención también a que mantiene correspondencia con un amigo que vive en San Petersburgo. No quiere referirle su prosperidad en los negocios y futuro casamiento para no “humillarlo”, dada la frágil situación que este conocido mantenía, agravada por la rebelión rusa.
Sin embargo, avanzado el relato, considera pertinente revelarle la verdadera situación a su amigo, y, así decide ir a contarle su propósito a su padre (cuyo nombre, significativamente, no aparece en la obra).
En este punto del libro, el simbolismo de Kafka parece palpable, de manera que el lector es capaz de visualizar la muerte, soledad y desolación mediante la descripción de una lóbrega habitación, sumida en la oscuridad y con el ambiente viciado, en cuyo interior se encuentra el personaje con un padre aparentemente desvalido, demacrado y débil.
Así, el padre, en un primer momento cuestiona la existencia del supuesto amigo, para posteriormente declarar que lo sabía todo desde un principio, y que había informado de lo acontecido al amigo mediante unas cartas que él mismo había escrito. Asistimos a un giro en los acontecimientos, que nos muestra la transición de un padre senil, llevado en brazos a la cama mientras agarra fuertemente la cadena del reloj que pende de su cuello, (una vez más estamos ante otro simbolismo del autor, que hace referencia al dios Cronos, el cual según el mito, devoró a sus hijos) a un hombre fuerte y cabal que parece arrinconar a su hijo, y reprocharle su comportamiento y compromiso, para finalmente condenarlo a morir ahogado.
La obra concluye con la muerte de Georg, el cual cumple la condena impuesta por su progenitor, procurándose una muerte digna, e incluso elegante, tal y como la hubieran deseado sus padres, siendo para éstos sus últimos pensamientos: “queridos padres, a pesar de todo, los he querido”.
Interpretación y temas de la obra.
En este relato, el tema fundamental es la culpa, un referente en los temas del autor. Según Kafka, desde su nacimiento, el ser humano está marcado por el pecado original, el hombre es culpable por naturaleza, de manera que se comete ya en los inicios una injusticia sobre él, se le mutila. El propio título de la obra, muestra la condena que el padre lanza sobre el hijo, el cual la acepta, no muestra en absoluto rebeldía, al contrario, se considera merecedor del ajusticiamiento, y esta será una característica común en todos los protagonistas del escritor, como veremos en “Informe para una academia”.
La relación padre-hijo también es fundamental, mostrándose una pujanza entre amor y posesión por parte de los dos personajes, siendo un punto clave la parte del libro en la que el padre pregunta si está bien tapado, refiriéndose en realidad a que si ya está enterrado, a lo que el hijo contesta que sí, de manera que el primero se enfurece y se acrecienta ante su hijo, argumentando que aún posee gran fuerza y que no podrá ser subyugado. Para comprender esta complejidad emotiva, perfectamente descrita y reflejada en los personajes, es necesario conocer la consideración que sentía Kafka hacia su progenitor, como una figura abrumadora, a la que quería imitar y parecerse, siendo éste siempre su objetivo y un tema obsesivo en todos sus libros. Así, surge la culpa, fruto de la incapacidad del personaje-autor por ser como su padre, de modo que considera que es merecedor de un castigo, de algún tipo de condena, por el hecho de no asemejarse al modelo que él mismo se había fijado.
Otro elemento interesante en la obra es el amigo de San Petersburgo, el cual aparece de forma indirecta al ser mencionado por los personajes, pero siempre parece lejano, e incluso irreal, pudiéndose plantear el lector la cuestión de si ese amigo existe verdaderamente o si es en realidad una sombra que Georg crea de sí mismo, una sombra, de la cual el padre dice sentirse orgulloso, y en último término, una sombra en la que el protagonista hubiera querido convertirse.
Otra posible explicación podría ser que dicho amigo fuese la persona que un día fue el protagonista, pero que finalmente quedó destruida y recluida en una parte de la conciencia del personaje, constituyendo Georg la figura de un hombre que se ha perdido a sí mismo, y que en lo más profundo de sí siente vergüenza y culpa, considerándose merecedor de una condena, que en realidad supondrá no la muerte, sino la liberación y el perdón por parte de aquellos a quien ama y a los que al mismo tiempo se siente atado.
Lo que sí resulta evidente es que la figura del amigo interconecta a padre-hijo, permitiendo observar la relación existente entre ambos a través de éste; pero también refleja la duda del propio autor de si casarse o no, ejemplificada en la constante indecisión del protagonista en revelarle al de San Petersburgo su futuro casamiento.
Un tema complejo que se refleja en el relato es el sexo, no de forma clara, pero si perceptible. Kafka asocia todo lo referente a esto con lo oscuro, lo negativo, lo entiende como una lacra, un precio que debe pagar para estar con la mujer que ama. Esto explica el hecho de que el autor estuviese prometido tres veces (dos de ellas con F. B.) y no llegase al altar en ninguna ocasión. Para él, como detallaremos en la siguiente obra, el ser humano está constituido por dos partes básicas, una de ellas, en la que residen los deseos terrenales que consumen al hombre, pero son necesarios a su vez para poder sobrevivir (aquí aparecen el comer, las funciones fisiológicas y el sexo); y otra parte inmutable e incorruptible que busca alejarse de los caprichos que dicta su contraria.
Como se puede observar, podemos enlazar claramente esta consideración del autor con la filosofía platónica.
El autor nació en Praga el 3 de julio de 1883, hijo de una acomodada familia de comerciantes pertenecientes a la minoría judía de lengua alemana. A los 23 años obtiene el título de Doctor en Derecho y trabaja como empleado en varias compañías de seguros. El 3 de julio de 1924 muere, víctima de tuberculosis del sanatorio de Kierling, cerca de Viena.
Está considerado como una de las figuras más significativas de la literatura moderna; de hecho, el término “kafkiano” se aplica a situaciones sociales angustiosas o grotescas, o a su tratamiento en la literatura. Su padre, un comerciante, fue una figura dominante cuya influencia impregnó la obra de su hijo y agobió su existencia. En “Carta al padre”, escrita en 1919, pero no publicada, como casi toda su obra, póstumamente, Kafka expresa sus sentimientos de inferioridad y de rechazo paterno. A pesar de lo cual, Kafka vivió con su familia mayor parte de su vida y no llegó a casarse, aunque estuvo prometido en dos ocasiones.
Curiosamente, Kafka, poco antes de morir, pidió a su más íntimo amigo, el crítico y escritor Max Brod, que quemara todos sus escritos. Sin embargo, hizo caso omiso de su última voluntad y en lugar de destruir sus obras, da a conocer al mundo su genio literario y gracias a esto sus escritos han permanecido para las posteriores generaciones. Cuenta con una relación de obras publicadas póstumamente, tales como América, El Proceso y El Castillo, así como relevantes relatos, La condena, Informe para una academia, La metamorfosis o La muralla china.
En cuanto a la técnica, el autor se caracteriza por emplear una narrativa en la que se decanta por un narrador en tercera o en primera persona, no omnisciente, al contrario, limitado por la mirada del personaje. De modo que lo que se ofrece en todo momento es la visión del protagonista de la novela, lo narrado nace de su conciencia, de su percepción.
Por otra parte, los personajes que aparecen en sus relatos son prototípicos y totalmente grises, se aportan unos datos mínimos de los mismos y carecen de una historia previa.
A continuación, proseguiremos con el análisis de dos importantes relatos de Kafka, La condena e Informe para una academia.
LA CONDENA
“- Ahora ya sabes lo que había además de ti, hasta ahora no sabías más que de ti mismo. Lo cierto es que fuiste un niño inocente, pero aún más ciertamente fuiste un hombre diabólico. Por eso has de saber que yo te condeno a morir ahogado”.
Este libro fue escrito en la madrugada del 22 al 23 de octubre de 1912, y es la primera obra de la que el autor se siente plenamente satisfecho, las demás, prácticamente en su totalidad, se encuentran inconclusas.
Así, al comienzo de “La condena” aparece una descripción colorista y detallada de una ciudad que bien podría ser Praga, (si bien el autor nunca refiere el nombre de la misma), en la que se sitúa el personaje principal, Georg, del cual únicamente conocemos su oficio, empresario; el hecho de que se ha prometido recientemente (con una mujer cuyas iniciales, F. B, coinciden con la que fue la prometida de Kafka en la realidad) y que vive con su padre. Se hace mención también a que mantiene correspondencia con un amigo que vive en San Petersburgo. No quiere referirle su prosperidad en los negocios y futuro casamiento para no “humillarlo”, dada la frágil situación que este conocido mantenía, agravada por la rebelión rusa.
Sin embargo, avanzado el relato, considera pertinente revelarle la verdadera situación a su amigo, y, así decide ir a contarle su propósito a su padre (cuyo nombre, significativamente, no aparece en la obra).
En este punto del libro, el simbolismo de Kafka parece palpable, de manera que el lector es capaz de visualizar la muerte, soledad y desolación mediante la descripción de una lóbrega habitación, sumida en la oscuridad y con el ambiente viciado, en cuyo interior se encuentra el personaje con un padre aparentemente desvalido, demacrado y débil.
Así, el padre, en un primer momento cuestiona la existencia del supuesto amigo, para posteriormente declarar que lo sabía todo desde un principio, y que había informado de lo acontecido al amigo mediante unas cartas que él mismo había escrito. Asistimos a un giro en los acontecimientos, que nos muestra la transición de un padre senil, llevado en brazos a la cama mientras agarra fuertemente la cadena del reloj que pende de su cuello, (una vez más estamos ante otro simbolismo del autor, que hace referencia al dios Cronos, el cual según el mito, devoró a sus hijos) a un hombre fuerte y cabal que parece arrinconar a su hijo, y reprocharle su comportamiento y compromiso, para finalmente condenarlo a morir ahogado.
La obra concluye con la muerte de Georg, el cual cumple la condena impuesta por su progenitor, procurándose una muerte digna, e incluso elegante, tal y como la hubieran deseado sus padres, siendo para éstos sus últimos pensamientos: “queridos padres, a pesar de todo, los he querido”.
Interpretación y temas de la obra.
En este relato, el tema fundamental es la culpa, un referente en los temas del autor. Según Kafka, desde su nacimiento, el ser humano está marcado por el pecado original, el hombre es culpable por naturaleza, de manera que se comete ya en los inicios una injusticia sobre él, se le mutila. El propio título de la obra, muestra la condena que el padre lanza sobre el hijo, el cual la acepta, no muestra en absoluto rebeldía, al contrario, se considera merecedor del ajusticiamiento, y esta será una característica común en todos los protagonistas del escritor, como veremos en “Informe para una academia”.
La relación padre-hijo también es fundamental, mostrándose una pujanza entre amor y posesión por parte de los dos personajes, siendo un punto clave la parte del libro en la que el padre pregunta si está bien tapado, refiriéndose en realidad a que si ya está enterrado, a lo que el hijo contesta que sí, de manera que el primero se enfurece y se acrecienta ante su hijo, argumentando que aún posee gran fuerza y que no podrá ser subyugado. Para comprender esta complejidad emotiva, perfectamente descrita y reflejada en los personajes, es necesario conocer la consideración que sentía Kafka hacia su progenitor, como una figura abrumadora, a la que quería imitar y parecerse, siendo éste siempre su objetivo y un tema obsesivo en todos sus libros. Así, surge la culpa, fruto de la incapacidad del personaje-autor por ser como su padre, de modo que considera que es merecedor de un castigo, de algún tipo de condena, por el hecho de no asemejarse al modelo que él mismo se había fijado.
Otro elemento interesante en la obra es el amigo de San Petersburgo, el cual aparece de forma indirecta al ser mencionado por los personajes, pero siempre parece lejano, e incluso irreal, pudiéndose plantear el lector la cuestión de si ese amigo existe verdaderamente o si es en realidad una sombra que Georg crea de sí mismo, una sombra, de la cual el padre dice sentirse orgulloso, y en último término, una sombra en la que el protagonista hubiera querido convertirse.
Otra posible explicación podría ser que dicho amigo fuese la persona que un día fue el protagonista, pero que finalmente quedó destruida y recluida en una parte de la conciencia del personaje, constituyendo Georg la figura de un hombre que se ha perdido a sí mismo, y que en lo más profundo de sí siente vergüenza y culpa, considerándose merecedor de una condena, que en realidad supondrá no la muerte, sino la liberación y el perdón por parte de aquellos a quien ama y a los que al mismo tiempo se siente atado.
Lo que sí resulta evidente es que la figura del amigo interconecta a padre-hijo, permitiendo observar la relación existente entre ambos a través de éste; pero también refleja la duda del propio autor de si casarse o no, ejemplificada en la constante indecisión del protagonista en revelarle al de San Petersburgo su futuro casamiento.
Un tema complejo que se refleja en el relato es el sexo, no de forma clara, pero si perceptible. Kafka asocia todo lo referente a esto con lo oscuro, lo negativo, lo entiende como una lacra, un precio que debe pagar para estar con la mujer que ama. Esto explica el hecho de que el autor estuviese prometido tres veces (dos de ellas con F. B.) y no llegase al altar en ninguna ocasión. Para él, como detallaremos en la siguiente obra, el ser humano está constituido por dos partes básicas, una de ellas, en la que residen los deseos terrenales que consumen al hombre, pero son necesarios a su vez para poder sobrevivir (aquí aparecen el comer, las funciones fisiológicas y el sexo); y otra parte inmutable e incorruptible que busca alejarse de los caprichos que dicta su contraria.
Como se puede observar, podemos enlazar claramente esta consideración del autor con la filosofía platónica.

INFORME PARA UNA ACADEMIA.
“No, yo no quería libertad. Quería únicamente una salida: a derecha, a izquierda, adonde fuera. No aspiraba a más. Aunque la salida fuese tan sólo un engaño: como mi pretensión era pequeña el engaño no sería mayor. ¡Avanzar, avanzar! Con tal de no detenerme con los brazos en alto, apretado contra las tablas de un cajón”.
Al inicio del relato, el protagonista aparece citado por “la Academia” para narrar su anterior vida de simio, pero en realidad no es más que una excusa para poder justificarse.
De este modo comienza relatando que decidió convertirse en hombre, simplemente porque constituía una salida a su situación, no una auténtica liberación. En principio no recuerda nada anterior a su aprendizaje; se basa en declaraciones para contar los inicios de su historia, puesto que admite no recordar nada (o no querer recordar).
Sin embargo, lo que si aparece grabado en su mente es la forma en que lo capturaron, dejándole dos cicatrices; una en la mejilla, que le valió el nombre de Peter el Rojo y otra por debajo de la cadera. La significación de dichas marcas es esencial. Con la primera lo identifican, lo encasillan; y por otra parte constituye un testigo silencioso de su condición de mono, condición que, a pesar de finalmente convertirse en hombre, permanece impertérrita, indisoluble y omnipresente. La segunda cicatriz se corresponde con la herida de guerra del padre del protagonista de “La condena”. Kafka vuelve a referirse al tema sexual de forma muy tenue, pero muy descarnada, es una herida, una enfermedad, algo oscuro del subconsciente que solo tiene cabida en el mundo animal.
A medida que se avanza en la obra los recuerdos de Peter son cada vez más minuciosos, evocando su decisión de transformarse en hombre, tarea ardua, pero en la que la mera imitación es suficiente. En este punto, la crítica del escritor de la educación humana parece tangible, un simio es capaz de hacerse con el nivel cultural de un europeo (si bien no lo considera un gran logro) simplemente observando y repitiendo; la inteligencia y comprensión parecen ausentes en todo el proceso.
El salto definitivo a humano lo dará cuando por fin pueda beber el alcohol que tanto le repugna. Una vez más estamos ante otro simbolismo: el rito iniciático de la bebida, que refleja toda la sociedad; muestra una situación que el hombre normalmente acepta para integrarse dentro de un grupo.
Este grupo no está exento de significado, de hecho, a lo largo del texto se observa esa privación, ese despojo de la particularidad, para convertir a la humanidad en una masa homogénea, sin identidad: “siempre las mismas caras, los mismos gestos; a menudo me parecían ser un solo hombre”.
Finalmente, tras la imitación de los tripulantes de un barco, y posteriormente varios adiestradores, el simio se transforma en hombre, y trabaja en un music hall, de esta forma encuentra una salida, pero seguirá constituyendo un espectáculo, se encontrará en una jaula más espaciosa que la anterior.
Por último se hace referencia de nuevo al sexo, a través de la mención de una simia adiestrada que utiliza para ello, y a la que no puede mirar cara a cara a la luz del día, así que vuelve a surgir el carácter terrible y oscuro del tema.
“No, yo no quería libertad. Quería únicamente una salida: a derecha, a izquierda, adonde fuera. No aspiraba a más. Aunque la salida fuese tan sólo un engaño: como mi pretensión era pequeña el engaño no sería mayor. ¡Avanzar, avanzar! Con tal de no detenerme con los brazos en alto, apretado contra las tablas de un cajón”.
Al inicio del relato, el protagonista aparece citado por “la Academia” para narrar su anterior vida de simio, pero en realidad no es más que una excusa para poder justificarse.
De este modo comienza relatando que decidió convertirse en hombre, simplemente porque constituía una salida a su situación, no una auténtica liberación. En principio no recuerda nada anterior a su aprendizaje; se basa en declaraciones para contar los inicios de su historia, puesto que admite no recordar nada (o no querer recordar).
Sin embargo, lo que si aparece grabado en su mente es la forma en que lo capturaron, dejándole dos cicatrices; una en la mejilla, que le valió el nombre de Peter el Rojo y otra por debajo de la cadera. La significación de dichas marcas es esencial. Con la primera lo identifican, lo encasillan; y por otra parte constituye un testigo silencioso de su condición de mono, condición que, a pesar de finalmente convertirse en hombre, permanece impertérrita, indisoluble y omnipresente. La segunda cicatriz se corresponde con la herida de guerra del padre del protagonista de “La condena”. Kafka vuelve a referirse al tema sexual de forma muy tenue, pero muy descarnada, es una herida, una enfermedad, algo oscuro del subconsciente que solo tiene cabida en el mundo animal.
A medida que se avanza en la obra los recuerdos de Peter son cada vez más minuciosos, evocando su decisión de transformarse en hombre, tarea ardua, pero en la que la mera imitación es suficiente. En este punto, la crítica del escritor de la educación humana parece tangible, un simio es capaz de hacerse con el nivel cultural de un europeo (si bien no lo considera un gran logro) simplemente observando y repitiendo; la inteligencia y comprensión parecen ausentes en todo el proceso.
El salto definitivo a humano lo dará cuando por fin pueda beber el alcohol que tanto le repugna. Una vez más estamos ante otro simbolismo: el rito iniciático de la bebida, que refleja toda la sociedad; muestra una situación que el hombre normalmente acepta para integrarse dentro de un grupo.
Este grupo no está exento de significado, de hecho, a lo largo del texto se observa esa privación, ese despojo de la particularidad, para convertir a la humanidad en una masa homogénea, sin identidad: “siempre las mismas caras, los mismos gestos; a menudo me parecían ser un solo hombre”.
Finalmente, tras la imitación de los tripulantes de un barco, y posteriormente varios adiestradores, el simio se transforma en hombre, y trabaja en un music hall, de esta forma encuentra una salida, pero seguirá constituyendo un espectáculo, se encontrará en una jaula más espaciosa que la anterior.
Por último se hace referencia de nuevo al sexo, a través de la mención de una simia adiestrada que utiliza para ello, y a la que no puede mirar cara a cara a la luz del día, así que vuelve a surgir el carácter terrible y oscuro del tema.
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