martes, 7 de abril de 2009

Entrevista a Rosa Montero






Nos encontramos ante una escritora que no necesita presentación. Obras tales como La hija del Caníbal, La loca de la casa o Historia del Rey Transparente hablan por sí solas. El diario El País es firme testigo de su labor periodística desde 1976 y el reconocimiento por su trabajo lo obtuvo en 1981 con la entrega del Premio Nacional de Periodismo. Su obra ha sido traducida a veintiuna lenguas. De origen humilde, estudió Periodismo y Psicología, aunque abandonó esta última carrera en cuarto curso.



Pregunta: Con todos los escritores comenzamos con lo que pensamos es una pregunta crucial:¿Por qué y para qué escribe Rosa Montero?

Respuesta: Siempre digo que soy una escritora orgánica porque escribo como bebo o como respiro.... es una necesidad esencial. Escribo porque no puedo vivir sin escribir. Y uno siempre escribe para aprender, para comprender, para saber, para intentar entenderte y entender el mundo.

P: ¿Cómo descubriste tu vocación?

R: Como muchos otros escritores (es algo bastante habitual) empecé a escribir de niña. A los cinco años caí enferma de tuberculosis y me pasaba los días en la cama leyendo y escribiendo cuentecitos horribles de ratitas que hablaban y cosas así, todos llenos de faltas de ortografía.... Y desde entonces no dejé de escribir ficción. Desde que me recuerdo como persona, me recuerdo escribiendo.

P: La lectura forma parte de tu vida de una manera muy íntima, ya desde pequeña pasaste tres años en casa debido a tu salud ¿Cuales son los escritores u obras que siempre te acompañan? ¿A qué tipo de libros vuelves siempre para releer?

R: Releo muy poco, por no decir nada. Hay tantísimos libros en el mundo por leer que no suelo volver a lo ya leído. Y no tengo escritores de cabecera.... me gustan cientos de escritores y siempre descubro nuevos autores que me interesan.

P: Sabemos que empezaste tu carrera literaria a partir del periodismo. ¿Son dos facetas

diferentes? ¿Te consideras más periodista que escritora? ¿Cómo lo encajas en tu vida?

R: Como te digo, yo pasé de la ficción al periodismo y no lo contrario, aunque, como empecé a publicar antes como periodista, la gente cree que pasé del periodismo a la ficción. Pero fue al revés. Como me gustaba tanto escribir (y escribir narrativa), a la hora de buscarme una profesión pensé en algo que estuviera más o menos cerca de la escritura.

El periodismo al que me dedico, que es el escrito, de plumilla, de articulista y reportera, es un género literario como cualquier otro, equiparable a la poesía, a la ficción, al drama, al ensayo. Y puede alcanzar cotas de excelencia literaria tan altas como un libro de poemas o una novela, como lo demuestra A sangre fría, de Truman Capote, esa obra monumental que en realidad no es ni más ni menos que un reportaje. Por otra parte, es muy raro el escritor que cultiva un solo género; lo habitual es que se sea, por ejemplo, poeta y ensayista, narrador y dramaturgo.... Yo me considero una escritora que cultiva la ficción, el ensayo y el periodismo. No sé por qué parece sorprender a la gente que compagines periodismo y narrativa, cuando es algo de lo más común. Si repasamos la lista de los escritores de los dos últimos siglos, por lo menos la mitad, y probablemente más, han sido periodistas. Y no me refiero ya a Hemingway y García Márquez, que son los nombres tópicos que siempre se citan, sino a Balzac, George Eliot, Oscar Wilde, Dostoyevski, Graham Greene, Dumas, Rudyard Kipling, Clarín, Mark Twain, Italo Calvino, Goethe, Naipaul y muchísimos más, tantos que no acabaríamos nunca de nombrarlos.
Personalmente, en fin, yo me siento sobre todo novelista. Empecé escribiendo ficciones, unos cuentos horrorosos de ratitas que hablaban, a los cinco años de edad; y, si me hice periodista, fue por tener una profesión que no se alejara demasiado de mi pasión de narradora. Digamos que el periodismo pertenece a mi ser social: es mi trabajo y me gusta. Mientras que la novela pertenece a mi intimidad: es mi manera de vivir, la forma en que me relaciono con la realidad. Puedo imaginarme fácilmente sin ser periodista, pero no me concibo sin las novelas. Si se me acabara ese tumulto de ensueños narrativos, ¿cómo me las iba a arreglar para seguir levantándome de la cama todos los días?

P: ¿Tienes alguna manía a la hora de escribir? ¿Alguna rutina establecida o te basas en la inspiración del momento?

R: Soy muy poco rutinaria y nada maniática. Tengo mi propio método, que consiste en montar primero la novela en la cabeza y en montones de cuadernitos en los que voy anotando a mano la estructura, las escenas, los personajes, el desarrollo... cuando eso lo tengo totalmente claro, paso a la escritura en ordenador. No tengo horarios fijos para escribir pero, eso sí, escribo muchísimo.... es decir, trabajo muchísimo. Le echo muchas horas.



P:¿Qué piensas de los concursos literarios en el ámbito de la lengua hispana? ¿Son un recurso válido para escritores desconocidos?

R: Depende de qué concurso hablamos. Los premios llamados comerciales, como el Planeta, no suelen servir absolutamente nada para los escritores desconocidos, porque en realidad son operaciones de marketing y siempre recae en escritores que ya tienen un nombre. Pero hay otros premios más modestos que son más claros y que por supuesto pueden ayudar a publicar y a ser más visible.

P: ¿Cómo es tu proceso de corrección?

R: Un novelista corrige todo el rato, o debería. Yo corrijo muchísimo. Cada día en el texto que hago, al día siguiente sobre lo redactado la víspera, y al final del primer borrador siempre lo dejo reposar un par de meses y luego me lo vuelvo a leer y corrijo profundamente o más bien reescribo toda la novela.

P:¿Vives la soledad del escritor? ¿Necesitas compartir lo que que escribes con alguien? ¿Grupos o tertulias literarias, familiares, amigos...?

R: El oficio de novelista es sin duda enormemente solitario.... Escribir una novela lleva muchísimo tiempo y es un tiempo de soledad. Pero por supuesto que comparto las ideas con amigos.... no con muchos. Y doy a leer el primer borrador a cuatro o cinco personas de buen criterio, para que le saquen las faltas.

P: ¿Alguna vez te has sentido bloqueada? Si la respuesta es sí ¿Cómo lo has superado?

R: Después de mi tercera novela, Te trataré como a una reina, me bloqueé durante unos tres años. Seguía escribiendo periodismo, pero no podía escribir narrativa.... tenía el cerebro como seco y fue una etapa absolutamente amarga. Y no sé cómo salí de ello.... simplemente salí. Un día empezaron a moverse de nuevo las palabras en mi cabeza y todo comenzó a fluir de nuevo.

P: ¿Cual es la frase o párrafo que más te ha dolido suprimir en alguno de tus escritos?

R: Ninguna. Las frases que suprimo, y suprimo y corrijo muchas, están siempre bien suprimidas, o eso creo. Si no pensara así, no las quitaría.

P: ¿Cómo son tus relaciones con los editores? ¿Aceptas sugerencias en cuanto a cambios en el original o las consideras ingerencias en tu trabajo?

R: Ningún editor me ha sugerido nunca nada. Si alguno me hiciera una sugerencia atinada, me parecería de perlas. Ya te digo que yo doy mi borrador a leer a cuatro o cinco amigos, y naturalmente nunca acepto todo lo que ellos me dicen, pero sus criticas siempre son interesantes. Si un editor hiciera esa misma labor, me parecería bien, siempre y cuando sus sugerencias fueran simplemente eso, sugerencias y no imposiciones. En cualquier caso ya te digo que nunca me han dicho nada.

P: ¿Qué tipo de público tienes en mente mientras escribes? ¿Crees que hay una diferencia entre la literatura "para mujeres" y la literatura "para hombres"?

R: Uno escribe pensando en el lector que lleva dentro. Escribes o intentas escribir el libro que te gustaría leer.
En el transcurso de un simposium internacional sobre la literatura de mujeres, celebrado en la universidad de Lima en 1999, dije por vez primera en público una frase que luego he visto repetir a otros convertida en un tópico colectivo. Que se me perdone la jactancia (ay, la vanidad :-) de reclamar la autoría de la frase, pero quizá sea la única ocasión en la que un pensamiento mío adquiera vida propia y pase a formar parte de los dichos anónimos de una sociedad. Y lo que dije fue: Cuando una mujer escribe una novela protagonizada por una mujer, todo el mundo considera que está hablando sobre mujeres; mientras que cuando un hombre escribe una novela protagonizada por un hombre, todo el mundo considera que está hablando del género humano.

No tengo ningún interés, absolutamente ninguno, en escribir sobre las mujeres. Quiero escribir sobre el género humano, pero da la casualidad de que el 51% de la Humanidad es de sexo femenino; y, como yo pertenezco a ese grupo, la mayoría de mis protagonistas absolutos son mujeres, del mismo modo que los novelistas varones utilizan por lo general personajes principales masculinos. Y ya va siendo hora de que los lectores hombres se identifiquen con las protagonistas mujeres, de la misma manera que nosotras nos hemos identificado durante siglos con los protagonistas masculinos, que eran nuestros únicos modelos literarios; porque esa permeabilidad, esa flexibilidad de la mirada, nos hará a todos más sabios y más libres.

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