lunes, 20 de abril de 2009



Tras una hora de espera se disculpa al menos en tres ocasiones, con una sonrisa afable y blanquísima. De risa fácil, mirada reflexiva y gesto rápido, Cristina Higueras se muestra como una mujer segura y "con ciertas figuras", como ella misma reconoce. Nacida en 1961, es una actriz versátil, colaboradora en programas y tertulias radiofónicas, presentadora, productora teatral desde 1992 y autora de una única y delirante obra, Consuelito de la Ascensión.

Pregunta: Presentadora, actriz de teatro, cine y televisión, escritora, colaboradora radiofónica… ¿Le queda algún género por explorar?

Respuesta: Me quedan muchas cosas por hacer (risas.) Digamos que he tocado un poco todo. En cuanto a mi faceta de productora, fundé mi empresa en el año 1992, pero fue para realizar los proyectos que me gustaban y en los que creía. Fundamentalmente me considero actriz y a partir de ahí he hecho otras cosas.

P: Así pues, de su dilatada trayectoria profesional, ¿es con su faceta teatral con la que se siente más realizada y satisfecha?

R: No necesariamente. Es decir, no es que prefiera el teatro más que otros medios; pero sí que es verdad que hasta ahora en éste he podido hacer cosas más interesantes que en televisión y sobre todo que en cine. En televisión me ha gustado lo que he hecho, he participado en series muy interesantes. En cine es verdad que he trabajado menos, y además, se da la curiosa circunstancia de que he rodado más en inglés que en español. He participado más en producciones y co-producciones extranjeras que en películas españolas. Sin embargo, en el teatro sí que es verdad que al ser la productora de mis espectáculos he podido dirigir mi carrera hacia donde yo quería. Pero no es que el teatro me guste más que el cine o la televisión, sino que simplemente por cuestiones de la vida, me ha permitido hacer trabajos más interesantes en este ámbito; pero no porque lo haya elegido así o porque me guste más.

P: En el año 2006 inició su colaboración en el programa de Ramón García en Punto Radio, ¿cómo surgió la posibilidad de su incursión en el periodismo radiofónico y cómo valora su experiencia en este campo?

R: ¡No lo sé! De repente me llamaron del programa de Ramón García y me propusieron participar en unas tertulias. Al principio me dio un poco de miedo, porque no era a lo que me dedicaba, pero me pareció algo interesante, además de que me encanta abordar cosas nuevas, así que acepté en seguida. El programa se basaba en una serie de tertulias realizadas los jueves acerca de la problemática femenina y en las que interveníamos mujeres de todos los ámbitos: políticas, actrices, periodistas…Posteriormente se empezaron a hacer otro tipo de colaboraciones en Punto Radio de temas más diversos, en los que intervenían también hombres. Fui colaboradora hasta que finalizó el programa y casi inmediatamente después me llamó Juan Ramón Lucas de Radio Nacional para participar en su espacio. Y como le había tomado “gustillo” al asunto acepté sin dudar. Reconozco que me gusta mucho el medio radiofónico porque no sólo te obliga a investigar acerca de temas que primeramente desconoces, sino que te permite estar al día y enriquecerte a nivel personal.

P: Ha participado también en múltiples producciones televisivas, desde El Secreto y Hermanos de leche hasta Store of a recluse, adaptación para la BBC de una famosa novela de Robert Louis Stevenson. ¿Qué es lo que una actriz pionera en el teatro extrae de estas experiencias televisivas?

R: Todo. Ha sido de lo más diverso, desde la producción de la BBC, de época, en la que tuve el honor de trabajar con uno de los grandes del cine norteamericano: Stuart Granger. Fue además uno de sus últimos trabajos porque era muy mayor y al poco tiempo murió. Esta producción también presentaba el reto de trabajar en un idioma que no era el mío. Es decir, de las series de televisión extraigo experiencias positivas: si el trabajo es agradable y el personaje me gusta, me divierte mucho hacerlo. Un ejemplo de ello es El Secreto, telenovela diaria para TVE. Además lo bonito que tiene la televisión y una serie tan larga es que si existe una cercanía y colaboración con los guionistas, el personaje va evolucionando dependiendo de lo que le estés aportando. De alguna forma es una obra muy completa. No es solamente interpretar un guión; sino que el personaje va creciendo contigo según tu forma de actuar. Evidentemente si el personaje de El Secreto lo hubiera interpretado otra actriz, éste habría sido de otra manera y muy posiblemente habría vivido otras experiencias.

P: Así pues, ¿le gustaría volver a trabajar para la pequeña pantalla?

R: Actualmente intervengo en unos episodios de Hospital Central, lo que también supone una experiencia atractiva. La verdad es que tengo la suerte de dedicarme a una profesión en la que me pagan por hacer algo que me gusta. De cada nueva empresa que me ofrecen, busco básicamente dos cosas fundamentales: que tanto el personaje como el proyecto sean interesantes. Si esos dos requisitos se cumplen me lo paso muy bien. Además, a estas alturas de mi vida lo que busco es divertirme con lo que hago. Quizá también por eso he hecho menos cine, porque lo que me presentaban no me interesaba, consideraba que no me iba a aportar nada. Me gustaría que me ofrecieran personajes más interesantes en cine, pero no es algo que me preocupe demasiado, porque hay más proyectos en teatro y televisión.

P: ¿Qué diferencias guardan en cuanto al rodaje estos diferentes tipos de formatos: cine, teatro y televisión?

R: La diferencia fundamental reside entre el teatro por un lado, y el cine y la televisión por otro. La forma de interpretar técnicamente es totalmente diferente. Cine y televisión son mucho más parecidos en cuanto a la forma de abordar al personaje. Aunque, como he dicho antes, en una serie se le puede dar un crecimiento al personaje y se tiene más dominio sobre tu propio trabajo. Sin embargo, en cine no. La película comienza y termina y hasta que no se ve en el cine no sabes exactamente que has hecho. No obstante, en televisión se observa diariamente el trabajo realizado y se puede ser más el dueño de la evolución que tenga esa serie. Evidentemente, el cine es un medio importante en función de las películas que hagas. Si realizas una película de éxito, esto te pude abrir una serie de puertas importantes. Aunque se ha de reconocer que se han realizado muchos filmes en España y al año sólo son dos o tres las que tienen una real trascendencia.

P: ¿Qué diferencias cree que existen entre una producción española y una extranjera?

R: Depende de las producciones. Se nota sobre todo en cuestión de medios económicos. Sin embargo, el talento no tiene nacionalidades. Si esta cualidad está presente en la producción, ésta saldrá bien; lo cual varía en función de cual sea el “padre” del proyecto.

P: ¿Cuál es la mayor dificultad a la que una actriz española como usted se enfrenta en una producción extranjera?

R: Evidentemente, la del idioma. No obstante, el dominio técnico de la lengua no es lo más complejo, sino el control sobre los matices culturales de esa habla. Esto supone una dificultad añadida y un reto de los que siempre se puede extraer algo positivo.

P: Junto a su compañera Fiorela Faltoyano fue premiada en la II Edición de los Premios EVA en la categoría de Arte y Gastronomía. ¿Se considera una acérrima defensora, no sólo del teatro español, sino también de la buena mesa?

R: Sí, sí, claro. Nos lo dieron a Fiorela y a mí porque consideramos que descubrir la gastronomía típica de cada sitio forma parte de la filosofía de una gira teatral. Así pues, disfrutamos de los restaurantes, vinos y bodegas representativos de cada lugar. Precisamente por eso creo que recibimos el premio, por aunar o relacionar en cierto modo el trabajo artístico con lo gastronómico.

P: Podría decirse que este valor de reconocida gourmet, unido a su intensa carrera artística la une estrechamente con Consuelito de la Ascensión.
¿También usted desayuna zarajos?

R: No (risas.) Los zarajos sólo los desayuna Consuelito, a mí no me gustan.

P: “Como Consuelito jugóse la vida en el intrincado Ente”
Es uno de los capítulos de la novela difíciles de olvidar y se corresponde con la aparición de la protagonista como presentadora de televisión.
¿Usted también vivió momentos tan delirantes y rocambolescas en este ámbito?

R: Bastantes. Lo que sí podría decir es que el 90% de lo que le sucede a Consuelito está basado en hechos reales. Pero, a partir de esa realidad he fantaseado, lógicamente. Lo que sí es cierto es que en televisión tuve una experiencia muy difícil. Hubo una época en la que presentaba un programa diario de entrevistas en directo. Y no era lo que dominaba, puesto que era actriz esencialmente. Así que esta práctica me resultó dura y lo pasé muy mal. Y es en esa etapa concreta en la que está basado ese capítulo.

P: ¿Considera entonces que el universo televisivo es uno de los más confusos e intrincados para los actores?

R: Creo que ese programa diario de TVE ha sido lo más difícil que he hecho en toda mi carrera (risas.) Fundamentalmente porque tenía que entrevistar cada día a personas de lo más diversas, desde un cantante hasta un científico. Y me gusta mucho documentarme, tanto cuando trabajo como actriz como cuando hacia ese programa, pero no tenía tiempo material ya que eran tres o cuatro entrevistas diarias. Con lo que fue una experiencia difícil pero que a la vez me aportó seguridad y confianza.

P: Rosarillo la Degüello, Parabólica Revenida, Silicona Asesina, Mara la Viscosa, Filiberto Gaztambide… Todos ellos forman parte del elenco de peculiares personajes que causan grandes quebraderos de cabeza a Consuelito ¿Son un ejemplo de que la realidad supera la ficción?

R: (Risas.) Sí, que no quepa la menor duda. No todos, pero muchos de esos personajes son reales y tienen nombres y apellidos que obviamente no puedo decir. Sí, es cierto que la realidad supera la ficción. Incluso cuando caminas por la calle y observas a una persona absolutamente peculiar, creo que si ésta se subiera a un escenario, el público consideraría a ese personaje real totalmente ficticio. De hecho, pienso que los mejores creadores de cine, teatro y televisión se han basado en lo cotidiano. A este respecto, destaca Pedro Almodóvar, quien crea películas sustentadas en la realidad. Sin ninguna duda, en ésta reside la fuente más completa de inspiración.

P: ¿Cómo valoraría su experiencia literaria?

R: ¡Bueno! (Hace un gesto de banalidad, intentando restarle importancia.) La considero una incursión singular en mi vida y mi carrera puesto que no me considero escritora ni nada por el estilo. Esto surgió como una recopilación de mis experiencias. He viajado al extranjero desde muy joven, realizado muchas giras y he tenido la oportunidad de conocer a muchas personas. Entonces, llegó un momento en que tenía una cantidad bastante amplia de material escrito acerca de estas vivencias. Y alguien me sugirió: “¿Por qué no intentas poner esto en marcha?” Así que me puse en contacto con un agente literario, Espasa Calpe se interesó y a partir de ahí comencé a darle forma de novela a esos escritos. Guardo mucho cariño de esa experiencia, pero he de reconocer que no tengo ningún tipo de ambición literaria.

P: ¿No ha sentido la necesidad de volver a escribir?

R: ¡No! (Niega con la cabeza de forma divertida y casi instantánea.)

P: ¿Es debido a que sus múltiples facetas profesionales le ocupan todo el tiempo disponible que tiene?

R: Así es, tengo que preocuparme de mi profesión y carezco de tiempo. Supongo que forma parte de la rutina de un escritor avezado. Pero requiere mucha dedicación y no me considero con el suficiente talento para abordar una carrera literaria. Creo que el libro que he escrito es una novelita simpática que siempre quedará ahí.

P: ¿Cree que la afirmación “papá, quiero ser artista” dejará en algún momento de tener “y un cuerno” como respuesta?

R: (Risas.) Sí, es cierto que tuve un gran enfrentamiento con mi padre para dedicarme a la profesión que he desarrollado hasta ahora. Y no tengo hijos, pero si los tuviera y alguno quisiera dedicarse al mundo de la interpretación en este país, le intentaría quitar la idea. (Risas.) Con la perspectiva dada por el tiempo, ahora comprendo a mi padre. Un actor o artista, por mucho talento que tenga, en España lo tiene muy difícil. Pero tampoco se puede castrar a un hijo que esté convencido de que esa sea su vocación. Todo el mundo tiene el derecho y el deber de equivocarse. Es preferible errar por cumplir una ambición que ni siquiera haberlo intentado. Esto puede crear una gran frustración.

P: No sólo Consuelito, usted también tuvo que enfrentarse a un panorama complicado profesionalmente, sobre todo en sus inicios ¿qué es lo que se debe hacer para no desfallecer en un mundo tan complejo?

R: Se debe ser muy cabezota y fuerte en tus convicciones. Creo que el motor que lo impulsa todo es la ilusión y fue eso lo que me empujó a entrar en esta profesión a pesar de todos los problemas a los que me enfrentaba, incluyendo la oposición de mi familia. Creía tanto en lo que hacía que decidí continuar. También tuve suerte de comenzar muy joven, ya que entré rápidamente en la compañía de Nuria Esthert y posteriormente los trabajos se fueron enlazando unos con otros.

P: ¿Estos duros inicios profesionales guardan alguna relación con el primer episodio de su libro en el que el público comenzó a arrojarle garbanzos a Consuelito en su primera actuación durante el Festival de Mérida?

R: Ese es uno de los episodios íntegramente verídicos, garbanzos y caídas de ropa incluidas. Tal y como está contado en el libro es completamente cierto. Si continué después de esos complicados principios, estaba claro que ya nada me iba a parar.

P: “Desde que se inventó, mi profesión ha pasado por muy diferentes grados de aceptación social, aunque casi siempre a lo largo de la Historia ha estado muy mal considerada. Dedicarse a la guerra o a las finanzas, además de resultar más lucrativo, siempre ha estado mejor visto que dedicarse al mundo del arte. ¡Y no digamos para la mujer!”
¿Se reafirma en esta postura, extraída de uno de los capítulos de su libro?

R: Totalmente. Las mujeres seguimos siendo, desgraciadamente, ciudadanas de segunda fila. Aunque las europeas y estadounidenses tenemos la suerte de vivir en una sociedad en la que, al menos legalmente, la igualdad está garantizada. Pero no se ha de olvidar que el 90% de las mujeres del mundo viven bajo regímenes políticos que legitiman la discriminación. En definitiva, ser mujer es muy duro y no sólo en el mundo del arte.

P: La carrera de actriz cuenta con una dificultad añadida: la gran cantidad de tópicos que giran en torno a ella. ¿Considera que esos tópicos se van desdibujando poco a poco o que por el contrario se afianzan con el paso del tiempo?

R: Creo que el problema es la confusión en los términos. Debido a algunos lamentables programas de televisión, no se distingue al que es conocido profesionalmente como actor y al que se reconoce a consecuencia de sus aventuras amorosas. Y esto me enfada bastante, teniendo en cuenta que existen muchos niños que responden “quiero ser famoso” ante la pregunta de “¿qué quieres ser de mayor?”. Esta situación me da miedo y considero que en este aspecto los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad. En cuanto a mi profesión, creo ese círculo mediático que se forma a su alrededor le resta la seriedad y la solvencia que naturalmente tiene.

P: Entonces, ¿considera que la televisión tiene una fuerza mediática superior a cualquier otro medio?

R: Sin duda alguna. En este sentido, destaca también Internet, aunque quizá con una mayor orientación hacia la juventud.

P: ¿Cree que la televisión está difundiendo una serie de valores no del todo correctos?

R: No sólo eso, sino lamentables. El objetivo es vender publicidad y para ello se han de hacer programas baratos que atraigan al público. Y es esto lo que los hace rentables y lo que dificulta su desaparición. Esto es válido en las cadenas privadas, pero no entiendo su aparición en la televisión pública. En ésta debería haber una serie de normas éticas que no se deberían quebrantar.

P: Entonces, ¿considera que el fin no justifica los medios?

R: En absoluto, es algo que no se debería haber permitido.

P: Junto con Fiorella Faltoyano, usted dirige actualmente la compañía teatral Nueva Comedia. Considera que, tras 17 años de su creación, ¿la compañía continúa siendo fiel a su premisa básica: llevar de nuevo al público al teatro para convertirlo en un vehículo de manifestación artística?

R: Eso es lo que pretendemos. Unas veces se consigue y otras no. Nunca se tiene la fórmula exacta para ello. Nosotros buscamos que una obra reúna dos condiciones básicas, por una parte que sea entretenida, puesto que si el teatro aburre queda totalmente descalificado; y por otra, que tenga interés cultural y permita reflexionar al espectador. Cuando comencé a poner en marcha la empresa observé que en París, Londres y en Nueva York se estaba realizando un teatro que conjugaba entretenimiento con temas y textos trascendentales. Sin embargo, en España, en 1992, no existía este tipo de espectáculos, sino que aparecían dos extremos diferenciados: un teatro popular y comercial y un teatro para minorías. De forma que nuestra compañía comenzó a hacer en este país unas representaciones que reunían estas dos características: diversión y calidad. Y hasta ahora hemos realizado diez producciones, teniendo la suerte de que el público siempre ha respondido en mayor o en menor medida.

P: Agnes de Dios, es el título de la obra que se encuentra actualmente en cartel y bajo la cual encarna a la Doctora Livingstone, psiquiatra encargada de investigar un extraño suceso, que ya ha sido interpretada por Jane Fonda. La obra narra el drama del asesinato de un bebé nacido dentro del mismo convento y traído a luz por una novicia ¿Qué retos le ha supuesto el papel de la psiquiatra?

R: Justo este fin de semana hemos cerrado la gira de Agnes de Dios, después de casi dos años. En cuanto al personaje, me gustan todos aquellos que no son de cartón piedra, que tienen dobleces y contradicciones. Y esto es lo que más me atrae de la doctora Livingstone. Es psiquiatra, y precisamente estos profesionales nunca están condicionados por sus experiencias personales al tratar a un paciente. Pero ella sufre continuos condicionamientos de este tipo. Supone lidiar con un personaje torturado por sus experiencias y ver como afronta el drama de la novicia, lo cual refleja sus frustraciones. Es un personaje muy torturado por sí misma y por la vida. Y esto para una actriz supone descubrir algo nuevo del personaje en cada representación.

P: A medida que avanza la obra, se observa que la doctora Livingstone es más sentimental de lo que parecía y que vive en una constante lucha consigo misma. ¿Cómo consigue interpretar y dar realismo a personajes con tal profundidad psicológica?

R: Los personajes más simples se crean en la primera representación. Pero los complejos suponen un reto que se va realizando conforme las actuaciones avanzan. Son personalidades que se van construyendo y finalmente te das cuenta de que has creado un ser humano. Y en esto reside la belleza de la profesión.

P: Este no es el único personaje complejo psicológicamente que ha abordado. También participó en Yerma y Doña Rosita la soltera, de Lorca, y obtuvo el papel de primera actriz en La señorita Julia, de Steinberg.

R: Yerma y Doña Rosita la soltera fueron mis comienzos y hacía papeles pequeños dentro de la compañía de Nuria Stert. Pero, en cuanto a La señorita Julia… (hace una pausa y parece reflexionar.) Hice este papel muy joven…Y, aunque teóricamente la edad del personaje se correspondiera con la que tenía en aquel entonces, no llegué a entenderlo del todo. Si ahora volviese a interpretarlo lo haría de una manera diferente y llegaría a comprenderlo. Esto se suele dar mucho en teatro. Y es que hay personajes con los que se coincide biológicamente en edad, pero que son difíciles de elaborar puesto que requieren una serie de vivencias que el actor o actriz de 23 años todavía no posee.

P: También obtuvo el papel de primera actriz en una obra tan compleja como Le tambourin de soie, de Yukio Mishima ¿qué experiencia le supuso la representación de este drama, que además realizó en francés?

R: Fue una gran experiencia. Realizamos una gira por Francia a cargo de la compañía de Avignon, Chez Noir. Mishima es un autor muy difícil, pero el director hizo un trabajo muy interesante, nada realista y muy conceptual. Se trataba de un teatro más alternativo que yo no solía abordar y en el que además me tuve que enfrentar a la dificultad de hablar en francés.

P: “Hay mucho de la psiquiatra cabal y tenaz, apasionada por la empresa que se trae entre manos, en Cristina Higueras”.¿Coincide con Fernando Méndez-Leite, el director teatral de Agnes de Dios?

P: Estoy de acuerdo. Además, es necesario identificar al personaje con una parte de ti mismo para hacerlo creíble. Y sí…Hay cosas de mí en ese personaje, como también otras que no. La doctora Livingstne es un ser más torturado y condicionado por la religión, a pesar de que ella no lo reconozca. Y en estos puntos no somos parecidas.

P: ¿También está de acuerdo con la afirmación de Méndez-Leite de que“hay mucho de la monja mundana, sarcástica y de exquisita educación, pero secretamente dolorida, en Fiorella Faltoyano”?

R: Sí, sí. (Mueve la mano con viveza y asiente rotundamente con la cabeza.) Fiorella es, ante todo, una mujer con un gran sentido del humor. Nos conocimos en una serie que se llamaba Hermanos de leche y nos hicimos muy amigas. Tenemos, además, una misma forma de ver la vida. Y hubo un momento en que ella quería volver a hacer teatro y yo tenía mi propia compañía. Así que la animé a que hiciéramos algo juntas y de este modo ambas actuamos en la representación de La extraña pareja, que fue todo un éxito. Y continuamos una asociación profesional que ha dado sus frutos.

P: En la obra de Agnes de Dios se muestra la contraposición entre dos personajes intrpretados por usted, que encarna la racionalidad y Fiorella Faltoyano, que representa la fe. ¿Esta contraposición se encuentra también en la vida real?

R: Las ideas y convicciones propias se tambalean cuando se contrastan con otra persona que piensa lo opuesto. A no ser que seas una persona monolítica se va cambiando. En la obra eso es lo que ocurre, la confrontación entre los dos personajes los hace cambiar y enriquecerse. Hay mil tonos de grises, no todo es blanco y negro.

P: ¿Cree que son posibles los milagros en una sociedad marcada por el laicismo más absoluto, tal y como se planteó Pielmer al escribir la obra?

R: No sé quien decía que en esta sociedad es ya un milagro ser sencillamente decente y honesto (risas.) Creo que ser una persona coherente y fiel a unos principios éticos requiere un milagro en una sociedad como la nuestra.

P: Amparo Baró, Terele Pávez, María Galiana, Paz Vega…Y ahora también usted, han posado para la exposición Hijos de la escena de Mónica Hoyos. ¿Cómo vivió esta experiencia fotográfica?

R: Mónica Hoyos me llamó hace un tiempo diciéndome que le interesaba hacerme unas fotos para una exposición de retratos de actores. Y la verdad es que realizó unas fotografías fantásticas.

P: ¿Se reconoce a través de la mirada de la cámara?

R: Sí, creo que ha captado muy bien lo que soy.

P: ¿Qué cree que es lo que Mónica Hoyos buscaba transmitir a través de estas fotografías?

R: Supongo que la forma en la que ella me ve. Creo que ha reflejado una mujer segura, como aparentemente soy, pero a la vez con unas ciertas fisuras. Y estoy completamente de acuerdo con eso.

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